Objeciones al uso de la expresión “marxismo cultural”

Uno de los inconvenientes que tiene Internet es que gran cantidad de gente se está alejando de los libros y la literatura convencional y se informan casi exclusivamente a través de páginas webs y foros de discusión, y esto es particularmente cierto en el ámbito del análisis histórico-político.

Intuimos que muy pocos han leído directamente las obras de Marx o de otros filósofos marxistas, y sus concepciones sobre lo que puede ser el marxismo las toman de páginas neoconservadoras yanquis.

Por eso nos llama mucho la atención la alegría con la que se usa el término “marxismo cultural”, que fue acuñado en una fecha tan tardía como 1999 por Paul Weyrich, un activista político vinculado al Partido Republicano y creador de la Heritage Foundation, un think tank neoconservador que tuvo una gran importancia durante la presidencia de Reagan.

Biografía de Paul Weyrich

Aquí tenéis el artículo en el que acuña el término “marxismo cultural”, datado en el año 1999:

LETTER TO CONSERVATIVES BY PAUL M. WEYRICH

En nuestra opinión, el término “Marxismo cultural” es un oxímoron, una contradicción en sí misma, y debería ser rechazado por cualquiera que pretenda analizar las ideologías posmodernas con un mínimo de rigor. Una de las bases de la teoría marxista es la dependencia COMPLETA de la supraestructura cultural respecto a la infraestructura económica. En la cosmovisión de Marx y sus más tempranos seguidores, la literatura, el arte, las ideologías dominantes, la religión….en definitiva, el Zeitgeist, el espíritu de los tiempos, vienen determinados por el equilibrio de fuerzas entre los diferentes poderes que gobiernan la sociedad, que son de naturaleza ECONÓMICA.

En el marxismo, no puede haber una crítica de la cultura dominante y de la supraestructura social sin hacer previamente un análisis de las relaciones económicas subyacentes.

Por el contrario, en el caso de la “Nueva Izquierda”, nos encontramos con características muy alejadas del marxismo-leninismo prosoviético tradicional. A modo de muestra, podemos citar los siguientes rasgos:

a) Rechazo de la Unión Soviética, como “estado degenerado de los trabajadores” (idea de Max Schachtman, marxista revisionista cuyos discípulos fundaron el movimiento neoconservador).

b) Vinculación al movimiento contracultural, y énfasis en cuestiones como el aborto, el feminismo, el multiculturalismo o el matrimonio gay…..en detrimento de la lucha de clases o la mejora de salarios y condiciones de trabajo de los obreros.

c) Vinculación a los apéndices culturales de la CIA como el Congreso para la Libertad de la Cultura, la Fundación Ford o la Fundación Rockefeller. Esta última fue la que financió el famoso Informe Kensey, publicado en el año 1948 por el psiquiatra del mismo nombre, y que afirmaba que la gran mayoría de la población masculina es bisexual en mayor o menor grado. Uno de los principales referentes de la Nueva Izquierda, Herbert Marcuse, fue reclutado por William Joseph Donovan, jefe de la OSS (predecesora de la CIA) y uno de los principales cabecillas de la comunidad de inteligencia estadounidense en el periodo de inmediata posguerra.

Como vemos, el posmodernismo no tuvo su origen en la antigua Unión Soviética, sino en el ámbito angloliberal, y sus principales corrientes ideológicas (feminismo, inmigración masiva) fueron patrocinadas y financiadas por los aliados occidentales en las últimas décadas, con el propósito de debilitar a los estados-nación europeos y destruir a las estructuras sociales tradicionales que protegían a los trabajadores occidentales.

Gracias, CIA – Eduardo Goligorsky

Informe Kinsey

“Ayudó a desterrar mitos y evidenció que conductas que hasta entonces la mayoría consideraban marginales, o incluso inmorales, eran practicadas por un porcentaje considerable de la población, como fue el caso de la masturbación tanto femenina como masculina, la homosexualidad y bisexualidad o la temprana edad de iniciación sexual.

Lo que más repercusión ha tenido hasta la actualidad es la división en grados de la tendencia sexual, en la que entre la homosexualidad y la heterosexualidad exclusivas se establecieron una serie de grados de bisexualidad, considerados válidos para muchos investigadores hasta hoy y que fueron novedosas en el momento. En el estudio se estableció una escala de 7 grados que van desde la absoluta heterosexualidad hasta la homosexualidad completa, pasando por cinco grados de bisexualidad, donde se afirmaba además que gran parte de la población era en algún grado bisexual, indicando sus porcentajes. Se definió, por ejemplo, que el 60% de los hombres y el 33% de las mujeres habían participado al menos en una práctica homosexual desde los 16 años de edad y que al menos un tercio de los hombres había alcanzado el orgasmo en prácticas homosexuales.”

Informe Kinsey (original inglés)

Herbert Marcuse – Wikipedia (versión inglesa) (contiene información sobre las actividades de este filósofo en el marco de la OSS, la CIA y el Departamento de Estado, que continuaron hasta 1951)

New Left – La Nueva Izquierda

La Nueva Izquierda fue un movimiento político de los años 60 y 70, que comprendía educadores, agitadores y otras personas que pretendían implementar un amplio abanico de reformas en temas como los derechos de los gays, el aborto, los roles de género y las drogas, en contraste con otros movimientos izquierdistas o marxistas anteriores, que habían tomado un enfoque más vanguardista en temas de justicia social y se enfocaban en la sindicación de los obreros y las cuestiones sociales de clase. Secciones de la Nueva Izquierda rechazaron cualquier tipo de relación con el movimiento obrero y la teoría histórica marxista de la lucha de clases, aunque otros gravitaron en torno a variantes del marxismo como el maoísmo.

(“The New Left was a political movement in the 1960s and 1970s consisting of educators, agitators and others who sought to implement a broad range of reforms on issues such as gay rights, abortion, gender roles, and drugs,[2] in contrast to earlier leftist or Marxist movements that had taken a more vanguardist approach to social justice and focused mostly on labor unionization and questions of social class.[3][4] Sections of the New Left rejected involvement with the labor movement and Marxism’s historical theory of class struggle.,[5] although others gravitated to variants of Marxism like Maoism.”)

 

 

 

 

 

 

 

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